Dos cafés que se enfriaron.

10:57 AM

-¿Te importa si me pongo un poco mas cómoda?- le pregunto ella al tiempo en que se quitaba los zapatos y el short que cargaba.
-Por mi no hay problema muñeca- dijo el mientras se sentaba en el sofá de la sala que daba con vista directa a la cocina.

Ella estaba consiente de su sensualidad, su camisa a botones azul claro que a penas le llegaba a la cadera, casi hacia juego con con las pequeñas bragas color negro que llevaba.
Se dispuso a hacer un latte de vainilla que sabia que a el le encantaría. Montó el café al tiempo que preguntaba donde estaba cada cosa, después de todo, era su departamento.

-¿Y la vainilla?-
-En el estante de arriba- respondió el desde la sala, disfrutando divertido como ella se ponía de puntillas para alcanzarla.

El café estuvo listo y lo puso en la licuadora con tres cucharadas de leche en polvo, un chorro de vainilla y..
-¿y el azúcar?- pregunto ella
-En el armario que está debajo-  y volvió a contemplar como ella se agachaba dejando a su vista un angulo perfecto de su trasero.

Colocó el azúcar, canela, un poquito mas de vainilla y encendió la licuadora.
Buscó dos tazas, sirvió el café y mientras se recogía el cabello en una cola de caballo alta, con los ojos cerrados, sintió su abrazo por la espalda y sus labios en el cuello.
-El café esta listo- dijo ella muy cerca de su oído en un tono tan sensualmente suave que le erizó los cabellos de la nuca.


Y en el único sorbo que le dieron al café se desabotonaron todos los botones de su blusa y cayó al suelo el pantalón que el llevaba. Porque en aquella tarde de diciembre en medio de besos, caricias, rasguños, y gemidos... se les enfrió el café.


-¿Y si se nos acaba el amor?-
-Pues lo hacemos de nuevo-


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