Esta es una Venezuela que no se rinde.

9:57 PM

Una gorra, un pañito, un cambio de blusa, zapatos de goma, CI, algo de efectivo y el rosario que me dio mi madre en el cuello o enredado en la muñeca derecha.
Un ultimo mensaje de voy saliendo e ir caminando mientras le rezo a San Miguel Arcangel.
Un día más.
Uno más donde ni yo, ni mis dos amigos, ni el movimiento estudiantil que me acompaña sabrá si regresará a casa.

-Te juro que cada vez que salgo, tengo más miedo, pero hay que seguir- 
Era la conversación con mis amigos la noche anterior.
Llevamos un mes, aproximadamente saliendo a las calles pacíficamente con la universidad, con la ciudadanía, con todos los que estamos cansados de la situación en la que vivimos, la única que hemos conocido.

Hacer el recorrido, llegar al lugar de encuentro y ver a tus compañeros,
ver la bandera con el nombre de tu universidad,
ver las banderas con los colores de tu país,
ver toda clase de personas gritando consignas, con ganas de salir de esto,
fronteando, resistiendo;
es lo que te motiva, te aplaca porque significa
que no estamos solos, que tiene que acabar. 

Empieza la marcha, todos sabemos a donde vamos, todos sabemos que pasará,
todos sabemos donde nos detendrán;
pero aún así avanzamos, cantamos, y seguimos con el espíritu fuerte,
más orgullosos que nunca de ser venezolanos.
Agrupados, levantamos nuestras manos en señal de paz y gritamos que somos estudiantes a la vez que aplaudimos, porque solo somos eso: estudiantes universitarios.
Jóvenes con ganas de un cambio, con ganas de oportunidad, de calidad de vida, de que la luz al final del túnel no sea el aeropuerto de Maiquetía.

Llegamos al mismo lugar de siempre, la gente se detuvo.
La masa es impresionante, a lo lejos se ve el gas lacrimógeno, se puede sentir en los ojos.
Empieza la preparación, guardamos todo lo que tengamos a la mano, nos rociamos antiácidos en la cara y empapamos un paño con bicarbonato disuelto en agua; nos organizamos, esperamos y observamos.
Todos con el corazón acelerado, el mismo peso en el pecho y ...
empieza.

La gente empieza a correr con desesperación, los ojos rojos y dificultad para respirar;
vamos retrocediendo poco a poco.
Los gases se acercan, la masa se desespera; tomas a tu compañero de la mano y van retrocediendo poco a poco, mirando hacia arriba, hacia atrás, hacia el frente, a todos lados, pendiente.
No sabes donde puede caer una lacrimógena.
El gas quema, quema tus ojos, quema tu garganta y cierra el pecho,
es imposible respirar con normalidad.
Aprietas la mano de tu compañero, avanzan mas rápido, o lo que la multitud permita, todos estamos en la misma, algunos con más pánico que otros.
Cada vez es más difícil respirar, el pánico es tangible, tratas de mantener la calma pero solo puedes pensar en aquellos que mas quieres, en tu familia; en el amigo que tienes al lado y a los que van delante de ti siguiendo la bandera con el reloj emblemático de la Universidad Central de Venezuela.
Logramos salir aireados, pero no fuera de peligro, nos seguimos moviendo rápido, esta vez para buscar refugio, huir de la Guardia Nacional y la Policía y esperar a que pase el caos.
No fronteamos directamente, no estamos preparados,
no sabemos y tenemos personas a la cuales dar respuestas,
pero nuestros compañeros de choque siguen allá.

Pasan dos, tres horas y nos dividimos en grupos para poder regresar a casa,
nos cambiamos, nos limpiamos la cara, tratamos de parecer civiles en cualquier día y caminamos poco a poco por rutas alternas a los lugares de concentración.
Hay que resguardarse, recuperar fuerzas, evaluar los daños y salir al día siguiente.
Ésto aún no acaba.


Señores, soy ucevista desde la cuna, 
esta es mi alma máter es mi fortuna, 
siempre por Venezuela, 
los ucevistas van a luchar, 
la ucv no te va a abandonar.
¡Vamos UCV, vamos UCV!. 



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1 comentarios

  1. Adoro tu redacción, es un placer llevar en mi bolsillo la CI perdida de una poeta, alguien que expresa su derecho humano de cuestionar todo y a todos, además de enfrentar con el cuerpo y no sólo con la mente la triste realidad de nuestro país... 04128986587 Leonardo Malave, de vez en cuando poeta, a veces senderista, pero siempre aventurero. manito arriba para ti.

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